
Uno puede verlos en los parques; en los autobuses; en las bibliotecas. Todos creen que son una rara especie, pero hasta en sitios como el supermercado es posible hallarlos —a lo mejor no están tan debajo de la realidad—. Se fugan, se sumergen y se expanden. Hay quien les ha identificado como cazadores furtivos. Seres que van por la vida buscando historias, de preferencia, puestas en letras. Seres que se alimentan de letras y de narraciones. Seres que viven de los encuentros con los textos.
¿Cómo se llega a la lectura? ¿Qué es lo que debe suceder para que una persona se transforme hasta hacer posible que se le identifique como un lector? ¿Cómo se contrae el vicio de la lectura? ¿Qué sentido tiene ser un lector? ¿Qué se busca y qué se encuentra al leer? De un tiempo para acá, muchos se hacen preguntas como estas. Si un lector es la ocasión en donde la lectura se consuma y en donde la literatura halla su sentido esencial, allí debe existir una pieza igualmente primaria de la respuesta.
Los lectores siempre tienen algo que decir, siempre están diciendo algo. Quizás no sea lo común escucharlos. Acaso será porque no lo digan en voz alta o porque lo digan con disimulo. A lo mejor se deba a que lo que tienen que decir es primordial y fundamentalmente para ellos mismos. Como sea, tendríamos que dejar que los lectores que completan las obras nos cuenten cómo se metieron a leer, cómo han hallado ese gozo, cómo es que colaboran con la creación literaria.
Confiemos en que Lectores infrarrealistas pueda delinear algunas respuestas o, mejor, tensar nuevas preguntas. Serán narraciones urdidas con las confidencias de lectores. Les calificamos de infrarrealistas, porque se les nota tan felices al leer, despreocupados por lo que debe ser, metidos de lleno a lo que se es.
¿Cómo se llega a la lectura? ¿Qué es lo que debe suceder para que una persona se transforme hasta hacer posible que se le identifique como un lector? ¿Cómo se contrae el vicio de la lectura? ¿Qué sentido tiene ser un lector? ¿Qué se busca y qué se encuentra al leer? De un tiempo para acá, muchos se hacen preguntas como estas. Si un lector es la ocasión en donde la lectura se consuma y en donde la literatura halla su sentido esencial, allí debe existir una pieza igualmente primaria de la respuesta.
Los lectores siempre tienen algo que decir, siempre están diciendo algo. Quizás no sea lo común escucharlos. Acaso será porque no lo digan en voz alta o porque lo digan con disimulo. A lo mejor se deba a que lo que tienen que decir es primordial y fundamentalmente para ellos mismos. Como sea, tendríamos que dejar que los lectores que completan las obras nos cuenten cómo se metieron a leer, cómo han hallado ese gozo, cómo es que colaboran con la creación literaria.
Confiemos en que Lectores infrarrealistas pueda delinear algunas respuestas o, mejor, tensar nuevas preguntas. Serán narraciones urdidas con las confidencias de lectores. Les calificamos de infrarrealistas, porque se les nota tan felices al leer, despreocupados por lo que debe ser, metidos de lleno a lo que se es.
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